Es momento de duelo, dolor y reflexión. Es momento de aprender, entender y reaccionar.

Es momento de saber que estamos ante una nueva oportunidad para impulsar cambios que esta vez vienen acompañados de realidad y de plena consciencia sobre su utilidad.

Y no es un punto de inflexión solo para aquellas ciudades que se anticiparon en la carrera de ser más inteligentes, sino que, ahora, el efecto COVID-19 ha sido interiorizado por todos. Por todos los gobiernos locales sin distinción.

Así es. Hemos visto como las grandes ciudades se enfrentaban a retos básicos en materia de seguridad, movilidad o comunicación. Y hemos podido comprobar que los regidores de los municipios más pequeños de nuestra geografía, igualmente, han reaccionado para garantizar el bienestar de su ciudadanía a través de la prestación de servicios más directos, efectivos y con utilidad real para la misma.

La respuesta no solo debe situarse en el apoyo económico a quien más ha sufrido, sin capacidad de reacción, la envestida de la pandemia. Eso, ya lo doy por hecho y todos esperamos que realmente sea pronta y justa la ayuda que puedan impulsar las administraciones públicas.

La demostración de poder que ha manifestado la tecnología como base para la puesta en marcha de soluciones reales ante necesidades de cualquier naturaleza ha sido evidente, pero igualmente ha sido manifiesta la diferencia entre aquellas entidades que cuentan con una estrategia viva en materia de digitalización, conocen sus procesos y cómo intervenir sobre ellos o son sensibles al análisis de información como base para la mejor toma de decisiones.

Además, la confianza y credibilidad que las instituciones proyectan sobre la ciudadanía también ha estado y está en primera línea batalla contra la pandemia. Y si las entidades locales quieren ser confiables deberán reflexionar sobre aspectos que hasta ahora parecían más relacionados con el cumplimiento normativo que con la asunción de un estilo de gobierno propio. Es el caso de la transparencia, la participación o la búsqueda constante de eficacia y eficiencia en la prestación de servicios públicos.

Punto de inflexión: ¿qué aspectos considerar?

Más allá de circunstancias propias y que por tanto será necesario conocer para poder conformar una estrategia que mejore la posición y capacidad de reacción en cada entidad local, podríamos resumir algunas de las principales lecciones aprendidas.

1. No todo es procedimiento administrativo.

Pensar en claves de procedimiento y norma asegura sin duda la validez jurídica de las actuaciones, pero no implica eficacia y mucho menos calidad y eficiencia en la prestación del servicio.

Es necesario que la entidad conozca e intervenga en sus procesos desde la perspectiva de que éstos son fundamentales para atender derechos y generar respuestas efectivas a nuestra ciudadanía en todas sus dimensiones; individualmente, colectivos y empresas.

Conocer los procesos, implica su identificación y definición desde la óptica de las actividades que involucran, pero también desde la óptica organizativa (personas y relaciones entre ellas) para su correcta implantación y, por supuesto, teniendo en cuenta el flujo de información (datos, datos y más datos) que requieren o generan.

Y solo conociendo a la perfección el mapa de procesos de una entidad, esta podrá intervenir en su mejora continua y la capacidad de reacción ante la adversidad.

Se ha podido demostrar de una forma nítida la manifiesta improvisación que se genera cuando este aspecto queda lejos de nuestros responsables públicos; los primeros que debieran estar en primera línea de compresión de la actividad que dirigen.

2. La tecnología no sólo es cosa de los informáticos.

Lo digital funciona y funciona bien. La tecnología que en muchos casos nos ha tocado introducir a base de empujones y rechazo generalizado, ahora parece que ya nadie cuestiona, pues ha sido decisiva para permitir que el funcionamiento de la actividad pública se resiente lo mínimo posible.

Nuestros informáticos han podido demostrar que la tecnología, como recurso crítico y de máxima competitividad, hace mucho tiempo que debiera estar en primera línea de interés y preocupación del equipo de gobierno municipal; tanto, como es obvio que lo es para los consejos de administración de las empresas que más brillan en la actualidad.

Así, impulsar el gobierno electrónico, garantizar la cobertura plena del territorio a nivel de telecomunicaciones o la digitalización de servicios vitales como es el caso de la seguridad, la asistencia social, la participación ciudadana o la educación, quizás debiera estar en las estrategias de aquellas corporaciones locales que opten por salir reforzadas de esta crisis.

Y, así, sin tener que pensar que la robotización, la inteligencia artificial u otras tecnologías disruptivas son la solución, a corto plazo es necesario intervenir sobre tecnologías plenamente maduras y disponibles, a la vez que será necesario hacerlo bajo un marco que asegure la seguridad digital y la alta disponibilidad del servicio frente a futuras crisis que con toda seguridad nos volverán a poner a prueba.

3. Sin información no es posible la toma de decisiones.

Elegir entre una opción u otra y además hacerlo de forma prudente y con la mínima garantía de éxito implica que las distintas alternativas sobre las que optamos cuenten con información completa y veraz que las respalde.

Los datos están ahí. Los usamos o no los usamos.

Y no se trata de asumir de un día para otro el súper paradigma Big Data como única vía para comenzar a preocuparnos por los datos. La información en el mundo local lleva generándose desde hace más de 30 años, desde que comenzamos a modernizar los servicios más básicos en el ámbito presupuestario o la gestión tributaria y otras competencias locales.

Sin embargo, esta información muchas veces solo ha preocupado a la estructura más técnica, como base para la gestión de sus operaciones en su día. Y, por supuesto, a la ciudadanía que desde fuera permanecía, y lo sigue estando, perpleja por el poco rendimiento que la administración obtiene de la información que maneja.

Qué distinto hubiera sido si todo el mapa de información que gestiona cada entidad estuviera presente en la toma de decisiones de quien nos gobierna y que los cuadros de mando les hubieran interesado un día y otro también.

Unos cuadros de mando capaces de sintetizar y visualizar información de valor, tanto en el plano operativo, como estratégico.

Ahora, no será por falta de tecnología, pues hasta el servicio público más básico puede contar con sistemas de sensores capaces de inundarnos de información que también puede ser tratada y mostrada en tiempo real para nuestro beneficio.

Lo único que nos falta es que la información, que el dato, nos importe.

Seguiremos trabajando por la transformación digital y el desarrollo inteligente del territorio. Ahora, convencidos de que nos costará menos que nos entiendan a los que en esto trabajamos constantemente.

Luis Conde

The Woover Crew.