La protagonista es la ocurrencia innovadora. Y si es digital, mejor.

 

Es encomiable el movimiento que nos inunda con un sinfín de propuestas innovadoras que por simple invocación van a resolver todos nuestros males.

Así es.

Ya no importan los problemas y dificultades de antes. Debe ser que nos los inventábamos y el problema superior que ahora nos asola lo eclipsa todo. Puede ser. No lo negaré, es para preocuparse y no sólo por los estragos que ha hecho en nuestra sociedad, el innumerable e inconfesable número de personas que han perdido la vida y el drama social que estamos viviendo, sino por la incertidumbre a la que nos empujan.

Tampoco parecen funcionar las soluciones de antes. No sirven, la cosa está en que no son ocurrentes, ni eran lo suficientemente digitales. Es verdad, ¡que tonto soy!, pero si la transformación digital empezó en marzo. Qué despiste el mio.

Pues bien, a lo que voy.

Nuestras administraciones públicas no son una excepción. Su atención se dispara en una carrera hacia la ocurrencia más grande, más digital, más improvisada, cueste lo que cueste; que una buena nota de prensa lo merece.

… la solución de la debacle que está viviendo el turismo será la tecnología …

… la solución de la ruina del comercio local será la tecnología …

… la solución del galopante desempleo será la tecnología …

… la solución de la burocracia infinita será la tecnología …

Es fácil, ¡prueben! La solución de lo que sea, será la tecnología. Y cuanto más ocurrente, mejor.

Bueno, pues yo pienso que no.

Lo mejor que aporta la magia de la tecnología es que está ahí y los que trabajamos en esto sin ser unos oportunistas lo sabemos y, en realidad, no podemos vivir sin ella. Pero, nada más. No hará milagros. Es como pensar que el ‘teletrabajo’ está resolviendo los problemas del ‘trabajo’.

La solución a los grandes y pequeños (los de siempre) males de nuestra Administración Pública, quizás y sólo digo quizás, esté en:

  • No esperar a que las súper leyes nos lo arreglen todo. Actuemos anticipándonos a la norma. Una estrategia clara, como aliada, y paso firme y constante sobre ella.
  • Reconocer que nada se puede improvisar y menos desde el engaño y el arte de birlibirloque. Por lo que se requiere capacidad de análisis, prudencia y criterio.
  • Adoptar la eficiencia, es decir el afán de mejora continua, como un estilo de vida y no sólo sensorizando las ciudades. Vayamos a que no sepamos hacer luego con tanta información.
  • Antes de necesitar competencias digitales, necesitamos saber qué hacer con ellas. Es decir, el incompetente digitalizado, miedo me da, más incompetente será. Capacitemos de una vez a nuestros equipos en lo básico, en lo que debieran saber (conocimiento) y saber hacer (competencia).
  • Recordemos los valores de siempre. Por favor, no perdamos más valores. No nos acostumbremos a mentir, ni siquiera por lo piadoso. Profesionalidad, coherencia, generosidad, ¿nos suena? Al menos suena bien, ¿no?
  • Pasar del post-it a la acción. Si queremos innovar en los procesos de la gestión pública, actuemos de forma decidida sobre ello, con responsabilidad, recursos, propósito. Protejámonos de mentores y consultores que no saben lo que es un procedimiento administrativo o un reglamento. Tanto, como las empresas se han protegido de quienes nunca han creado empresa.
  • Consigamos directivos públicos profesionales, formados y bien formados. Qué pocos veo en las Escuelas de Negocio.

¿Habrá mejor momento que este que ahora vivimos para dejarnos de ocurrencias y tomarnos en serio nuestros males?

En Woover no tenemos ninguna ocurrencia de hoy para mañana. Qué le vamos a hacer. Seguiremos trabajando, por si aparece una vacuna, que Dios lo quiera, y vuelven los problemas de siempre.

Con todo mi respeto y admiración a los magos de verdad, los de siempre.

Luis Conde

The Woover Crew.