Estrategia y acción ante la adversidad.

 

Qué gran diferencia hay entre un visionario que sólo tiene buenas ideas, identifica oportunidades y las lleva a cabo con determinación y, aquel otro que siempre habla de sus ocurrencias sin dar un solo paso para realizarlas.

Todos hemos sido uno u otro, una u otra, en algún momento de nuestras vidas.

Ahora, estamos en uno de esos puntos en los que llega la hora de la verdad. Así, desde el Gobierno de España hasta la última iniciativa personal por pequeña que ésta sea, pasando por grandes corporaciones industriales, administraciones regionales y locales y pymes de todo tipo, nos encontramos ante la ‘tormenta perfecta’ que está poniendo a prueba nuestro presente y sobre todo nuestro margen de maniobra en los próximos meses para afrontar con la mayor garantía posible nuevos tiempos que a buen seguro es lo único que podemos asegurar. El avance del tiempo es imparable.

Volviendo a la reflexión inicial, desde Woover, que participamos habitualmente en el diseño de estrategias de transformación, de avance, no cesaremos en nuestro empeño de resaltar la importancia, no sólo de analizar bien nuestra realidad a la hora de diseñar planes de cualquier índole o de elegir correctamente aquellos caminos que pensamos nos llevarán a alcanzar nuestras metas, sino el hecho de que la hora de la verdad llegará con la implantación y puesta en marcha de nuestras intenciones.

De una u otra forma nos llegará el esperado apoyo financiero que empresas y administraciones de todo tipo necesitamos para avanzar en la que probablemente sea la mayor ‘tormenta perfecta’ a la que nos enfrentaremos en nuestras vidas profesionales y, por qué no, también a nivel personal. Y cuando ésta llegue, la financiación, ¿tendremos claro cómo llevar a cabo todo aquello que hemos diseñado?

A la hora de ponernos en acción, hemos de ser conscientes de que nuestra realidad está condicionada por:

  • Una fuerte crisis emocional en la que cada agente, cada actor con el que trabajamos o necesitamos relacionarnos, está sufriendo las mismas contrariedades y vicisitudes que nosotros. 
  • La rotura económica que ha provocado la pandemia que vivimos y en la que prácticamente toda conexión entre oferta y demanda, se ha roto o ha quedado seriamente dañada.
  • La digitalización que esperábamos, llena de oportunidades y mejoras que llegarían de una forma más natural, ahora nos atropella o provoca una fuerte exclusión a quien no la adopte.
  • El hecho de que nuestras organizaciones siguen siendo las mismas porque, más allá del asumido teletrabajo – quien lo haya podido elegir – no hemos mejorado nuestras estructuras, diseñado instrumentos de colaboración y mucho menos cambiado la cultura de la misma para que esta sea más productiva.

Es decir, un contexto muy complicado y que requerirá lo mejor de nosotros para capear el temporal.

 La experiencia nos dice que, si de verdad queremos que nuestras estrategias no se conviertan en papel mojado, seamos determinantes y visionarios también con su implantación:

  • Desempolvemos nuestra hoja de ruta y prioricemos en base a las grandes metas que tenemos por delante. Y si la digitalización no estaba en el corazón de la misma, no perdamos más tiempo, descubramos su valor y a por ello.
  • Hagamos que el conjunto de nuestra entidad u organización se sume a nuestros objetivos. La dinámica e inercia de nuestros equipos pueden ser el viento a favor que necesitamos o el lastre que lamentaremos. ¡Vamos!, seguro.
  • Adoptemos un fuerte compromiso con los procesos que se han resentido y si de verdad queremos ser resilientes es ahí donde debemos actuar de forma paralela a la implantación de nuestros proyectos e iniciativas de cambio. Que la próxima tormenta, tenga el nombre que tenga, nos coja con el barco bien estivado y dispuesto.
  • Incorporemos a nuestro equipo el valor externo que nos puede traer la innovación abierta. Ni tendremos las mejores ideas, ni sabremos llevarlas a cabo en solitario tan bien como si tenemos en cuenta a la inteligencia colectiva que con seguridad podemos atraer.
  • Gestionemos y evaluemos el avance de nuestra estrategia mediante el análisis continuado de datos; todos los datos que podamos incorporar, estén éstos dentro o fuera de nuestra organización y que nos informen del impacto y efecto de nuestras decisiones.

Y, entonces, si. Entonces seremos de esos que tienen buenas ideas y pueden decir que son capaces de llevarlas a cabo.

The Woover Crew.