La necesaria transformación digital.

  Da igual el tamaño de nuestra empresa, da igual el sector. Grandes bancos, grandes operadores de la distribución, el turismo, la industria automovilística, el comercio minorista, todos, estamos inmersos en una revolución en la que es fundamental pasar a la acción o esperar a desaparecer. Lejos de ser tremendista, que para eso ya tenemos a otros, parece claro que debemos ser cuanto antes conscientes de los factores que están determinando el cambio y en lo posible iniciar un proceso de transformación, como poco preventivo, y evitar conformarnos con una simple evolución lineal. ¿Qué está pasando? Si analizamos el equilibrio de fuerzas en la economía que ya llamamos tradicional – que suena a pasado – la generación de valor desde la producción de bienes y servicios ha mantenido una ventaja clara apalancándose en sus propias capacidades y en la de sus canales de distribución, muy por encima de la fuerza que imprimía el cliente final. Sin ánimo de acusar y criticar este modelo que sin duda ha servido durante años para llevar servicio y prosperidad allá donde se lo ha propuesto, en muchos casos, tensó demasiado la cuerda que le unía con el mercado, me refiero al cliente final. Y llega Internet y todas sus derivadas digitales en forma de plataformas o no. Y lo digital genera un elemento diferencial: el smartphone y las capacidades que nos da. Y en general, las tecnologías más potentes que podíamos imaginar y todas muy cercanas y asequibles al usuario final: el consumidor. Y éste revierte las fuerzas dominantes y se erige como controlador absoluto de la economía de mercado. Más o menos ha sido así o, al menos, ese es el efecto resultante. Clientes que tienen información, muy buena información, en tiempo real y que se convierten en auténticos directivos de su acción y toman decisiones. Decisiones que expresan experiencia y satisfacción, también en tiempo real. Y así, mandan en la Era Digital. Visto lo visto, hay que coger aire y, si uno no ha sido parte de esta tremenda disrupción, bien puede adoptar eso de que  “nunca es tarde” para reaccionar y pasar a la acción. En Woover no vamos a descubrir nada nuevo pero, al menos, si que queremos dejar bien clara nuestra posición. Tres decisiones que consideramos clave para abordar la transformación que indicábamos al comienzo de esta reflexión.  
ADOPTAR UNA POSICIÓN CONTUNDENTE DE LIDERAZGO EN LA EMPRESA
  Y con ello ser dueños del impulso necesario para la transformación en nuestras propias empresas o nadie lo va a realizar por nosotros. Y liderar es tomar consciencia de la formulación estratégica que me llevará a alcanzar nuestras metas. Acertar en las decisiones o no hacerlo y saber rectificar con humildad y tesón. Saber que debo motivar y comprometer a toda la organización; y para ello, es necesario ser creíble y generar confianza a raudales. Por eso, nosotros lo llamamos Liderazgo Confiable. Un liderazgo que generará más lideres; todos los que se pueda.
INYECTAR GRANDES DOSIS DE CREATIVIDAD PARA INNOVAR Y DISRUMPIR
  Más que inyectar, es saber que hay que despertar la creatividad y dar rienda suelta a la imaginación de la organización. No se nos ocurre nada mejor que la innovación abierta para ello. Una actitud, la de innovar, que debe comenzar en el seno de la propia empresa. De esta forma, se estará en disposición de aprovechar con más intensidad y acierto la innovación que nos aporten desde fuera; algo inevitable y que representa una buena noticia para todos. Y aquí, me gusta señalar que tenemos muy cerca una forma de actuar que, ahora, es necesario imitar. Se trata de todo aquello que asociamos al concepto de emprender y que en nuestro caso sería intraemprender – de nuevo –.  Que bien han entendido desde las startups el proceso creativo: observar-definir-idear-evaluar-validar-escalar. Y claro, desde ellas llegó la disrupción de modelos de negocio más que consolidados. Y no es momento de citar a nadie; en la mente de todos hay suficientes ejemplos.
ADOPTAR TODA AQUELLA TECNOLOGÍA QUE APORTE VALOR REAL
  Continuando con lo anterior, la adopción de inevitables modelos de negocio disruptivos sólo será posible en la era que nos encontramos si nos embarcamos en lo digital. Pero no para evolucionar nuestros negocios y nada más, sino para revolucionarlos. Y esto implica a cómo se digitalice la empresa en su conjunto. Desde las herramientas que emplee para su acción directiva, hasta las que le permitan una mejor relación en tiempo real con su mercado y, por supuesto, aquellas que mejoren sus procesos más productivos; aunque este último objetivo, me atrevo a decir que no lo pondría en un primer plano, vayamos a que sólo centre la potencia de cambio en el interior, cuando lo que se nos está pidiendo es una reacción en el otro extremo: el mercado que conforman nuestros clientes. Nuestros super clientes. The Thinkers Crew.